Invertir en suelos, alternativa al piso
Thursday, September 27th, 2007El terreno es una inversión exigente pensada para extraer una rentabilidad elevada. Es un proceso en el que es aconsejable reducir al máximo la intervención de intermediarios y en el que es exigencia primaria contar con información, sobretodo en el caso de la compra de un terreno no urbanizable.
Se puede comparar con la compra de un piso, pero el objetivo es ciertamente diferente. Generalmente el terreno, con vistas a edificar, tiene un retorno de la inversión mucho más elevado: es el principal objetivo de la adquisición de terrenos. Si antes se vende a una constructora, el retorno económico será más bajo.
Para el desarrollo de un proyecto hay que tener en cuenta diversas variables: edificabilidad, uso, viabilidad, precios del mercado de alquiler y venta, licencias, ubicación… De hecho, la edificación no es siempre posible, y está sujeta a restricciones que sólo se pueden conocer tras un detallado análisis. Estos factores determinan el valor del suelo, y son importantes para el comprador. La información que puedas llegar a recabar determina totalmente el éxito de la operación.
En ciudades como Madrid y Barcelona, hay pocos particulares con posibilidades de hacerse un terreno. La apuesta está más enfocada al suelo que podría llegar a ser urbanizable. Para ello el propietario debe instar a la Administración para la aprobación del correspondiente planeamiento de desarrollo. En este caso podemos encontrar dos categorías: suelo urbanizable programado y no programado.
Suelo no urbano es todo aquel que no es urbano aún, pero que tampoco está considerado como no urbanizable. Este suelo puede, por tanto, llegar ser urbano, si su propietario insta a la Administración para la aprobación del correspondiente planeamiento de desarrollo.
En el caso del terreno rústico, la recalificación es el Santo Grial. La rentabilidad en este caso es excelente. Casos en Valencia y Alicante lo demuestran. Zonas rústicas cerca de la playa que costaban 7 euros el m2 han pasado a valer, durante los últimos años, a 2.000 o 3.000 el metro2. La rentabilidad entonces puede alcanzar el 6000%.
No podemos cerrar este artículo sin recordar que la propiedad del suelo implica en todo caso una serie de obligaciones ineludibles. El dueño, independientemente del tipo de suelo que se trate, debe mantenerlo en condiciones de seguridad y salubridad.
